Hablemos del gluten

¿Qué es el gluten?

El gluten es una mezcla de dos proteínas llamadas gliadina y gluteína, que se encuentre presente de forma natural en cereales de secano como el trigo, el centeno, la espelta, el kamut y el tricale. Más allá de estos alimentos, el gluten también se puede encontrar en otros productos, ya sea por contaminación cruzada, como por ser el caso de algunas harinas o productos a base de avena, o en alimentos precocinados y/o envasados en los cuales se ha añadido algún cereal con gluten como un ingrediente. A nivel culinario, el gluten es el responsable de la elasticidad, la consistencia y la esponjosidad característica de la masa del pan. Por este motivo, cuando probamos un producto sin gluten su textura es diferente.

A día de hoy, existen diferentes trastornos relacionados con la ingesta del gluten, como la alergia al trigo, la enfermedad celíaca y la intolerancia al gluten no celíaca. ¡Hablemos!

 

¿Qué es la enfermedad celíaca o celiaquía?

La celiaquía es enfermedad autoinmunitaria frecuente que puede aparecer en personas genéticamente predispuestas (tanto niños como adultos) como resultado de la ingesta de gluten. En estas personas, el sistema inmunitario detecta, por error, el gluten como si fuera una substancia extraña (pese a que no lo es) y provoca una reacción que acaba dañando a las células del intestino. 

Es decir, en una persona diagnosticada con celiaquía, la exposición prolongada al gluten acaba generando una alteración de las paredes del intestino que dificulta la absorción  de determinados minerales como el hierro, el calcio y algunas vitaminas como la vitamina A, D, E, K, B9 i B12 que puede desencadenar en un importante déficit, Además, pese a que algunas personas no llegan a manifestar los síntomas concretos, generalmente, esta enfermedad se caracteriza por la aparición de diversos efectos: pérdida de peso, fatiga, vómitos, diarrea, dolor y/o distensión abdominal…

La celiaquía es una intolerancia crónica. De hecho, actualmente, el único tratamiento eficaz para disminuir los  síntomas y revertir gradualmente los efectos sobre el intestino pasa por el seguimiento de una dieta libre de gluten durante toda la vida. Es decir, eliminando de la alimentación diaria todos los productos que contienen gluten, el paciente puede conseguir, gradualmente, una mejora en su sintomatología. No obstante, es importante tener en cuenta que la enfermedad sigue existiendo y que, por tanto, pese a que la persona se encuentre mejor físicamente en el momento de consumir cualquier producto con gluten, los efectos reaparecerán.

 

¿Qué es la sensibilidad al gluten no celíaca?

¿Sabías que no es lo mismo la celiaquía que la sensibilidad al gluten? Pues bien, se diagnostica sensibilidad al gluten no celíaca en aquellos pacientes que, pese a que las pruebas de enfermedad celíaca o de alergia al gluten salen negativos, se presentan síntomas digestivos relacionados con el consumo prolongado de productos con gluten (como por ejemplo dolor y distensión abdominal, diarrea, estreñimiento….) y una clara mejora sintomatológica cuando estos productos son retirados de su alimentación. En estos pacientes, al igual que en los anteriores, el tratamiento también consiste en eliminar totalmente el gluten de la dieta.

 

¿Qué es la alergia al gluten?

A diferencia de las patologías anteriores, los síntomas de los cuales aparecen con el paso del tiempo, en alergia al gluten, la reacción del sistema inmunitario es inmediato y, por tanto, los efectos aparecen a los pocos minutos de haber ingerido gluten. Los síntomas característicos de la alergia al gluten son: aparición de pequeños granos alrededor de los labios, dermatitis atópica, vómitos, dolor abdominal, diarrea, asma, tos, laringitis, inflamación… Esta patología afecta a una parte muy pequeña de la población.

 

 ¿Es recomendable hacer una dieta sin gluten si no se padece ninguna patología asociada?

Lo cierto es que, con el paso de los años ha ganado popularidad entre la población general la dieta sin gluten, a causa de la falsa creencia de que podrían ser productos más saludables o que podrían ayudar a conseguir determinados objetivos de peso o de rendimiento deportivo, entre otros. Pero, ¿qué pasa con las personas que no padecen ninguna patología asociada al gluten y, pese a eso, siguen una alimentación exenta de este producto? Hoy en día, no hay evidencia científica que justifique que los adultos sanos han de seguir una dieta sin gluten, se ha de seguir trabajando e investigando al respecto.

En todo caso, hoy en día la Federación de Asociaciones de Celíacos de España no recomienda iniciar una dieta sin gluten sin antes realizar una evaluación exhaustiva por parte de un especialista. Además, en el supuesto caso de que realmente la persona padezca la enfermedad asociada a la ingesta de gluten, si antes de realizarse el diagnóstico ya ha retirado de la dieta habitual, los resultados podrían verse afectados.

Finalmente, hay que tener presente que los especialistas en alimentación y nutrición contemplan dentro del marco de una alimentación saludable y equilibrada un consumo diario de cereales como la pasta, la harina, el pan, etc. Y es que estos alimentos contienen principalmente hidratos de carbono complejos que el organismo utiliza como fuente de energía para poder funcionar. 

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